Os presento a Cookie: mi nuevo compañero/a. La verdad es que lleva ese nombre porque no estoy muy segura aún de si es macho o hembra. Comenzó llamándose Tambor, luego Lola, luego Tambor de nuevo... total, que organicé tal lío que al final me decidí por un nombre neutro. Así que éste es mi conejo, que , finalmente, lleva el nombre de Cookie (Galleta).
domingo, septiembre 11
Cookie.
Os presento a Cookie: mi nuevo compañero/a. La verdad es que lleva ese nombre porque no estoy muy segura aún de si es macho o hembra. Comenzó llamándose Tambor, luego Lola, luego Tambor de nuevo... total, que organicé tal lío que al final me decidí por un nombre neutro. Así que éste es mi conejo, que , finalmente, lleva el nombre de Cookie (Galleta).
sábado, septiembre 10
Head in the clouds.
El bullicio de las calles de Nueva York y las imágenes de la gente yendo de un lado para otro sin cesar, penetraban en su cabeza como los rápidos fotogramas de una película; una y otra vez.
Los grandes rascacielos semejaban gigantes que no dudarían en aplastar a la inmensa colonia de hormiguitas que se tendía a sus pies.
Los taxis iban y venían con una rapidez inusual; portando en su interior apurados pasajeros que seguramente llegarían tarde a Dios sabe qué sitios.
Había llovido, como era habitual, pero no le importaba.
Aquella tarde había preferido dejarse empapar por la fría lluvia, había preferido no preocuparse por qué pelos se le quedarían después de mojados; de si se le rizaría el flequillo o las puntas, o si se calaría sus zapatos nuevos.
Aquella tarde, había preferido, simplemente, ser feliz .
Los grandes rascacielos semejaban gigantes que no dudarían en aplastar a la inmensa colonia de hormiguitas que se tendía a sus pies.
Los taxis iban y venían con una rapidez inusual; portando en su interior apurados pasajeros que seguramente llegarían tarde a Dios sabe qué sitios.
Había llovido, como era habitual, pero no le importaba.
Aquella tarde había preferido dejarse empapar por la fría lluvia, había preferido no preocuparse por qué pelos se le quedarían después de mojados; de si se le rizaría el flequillo o las puntas, o si se calaría sus zapatos nuevos.
Aquella tarde, había preferido, simplemente, ser feliz .
Bye-bye, summer!
Bueno, un año más llegó el fin del verano, y con él, el comienzo de las clases. No sé a vosotros, pero a mí me espera un año duro, y mientras espero con ansia la llegada del verano que viene,¡ me consolaré con fotografías como ésta que os dejo aquí ! (Tomada en Alicante, paseo marítimo. By: CKovalewicz photography).
Iris y Mikhail.
Se sentó en el borde de la cama, junto a ella.
- Iris- pidió- Mírame .
Y tomándola por la barbilla y clavando su mirada en ella, pronunció con exquisita lentitud una frase que se le antojó mucho más dulce que cualquier rosquilla de limón, masticando minuciosamente cada sílaba:
- Te quiero. ¿Me oyes?
- Sí, Mikhail, lo sé .
Se tumbaron uno junto a otro, entrelazados por brazos y piernas como si de serpientes se tratase.
Iris se acurrucó bajo la figura desgarbada de Mikhail, que la rodeó con sus brazos y la estrechó fuertemente contra su pecho. Le gustaba cerrar los ojos y permanecer en silencio: sintiendo las suaves yemas de Mikhail explorando con delicadeza cada una de sus vértebras. Entonces abría los ojos y allí estaba él: su nariz a escasos milímetros de ella, en medio de la oscuridad de la habitación. Sus cálidos ojos, esperando para abrigarla si tenía frío: para recogerla del suelo si tropezaba. En medio de tanta paz, se estaba quedando dormida.
- ¿Sabes que pones una cara muy dulce cuando duermes?.
- ¿Dulce? imposible. ¿Acaso podría un ogro resultar dulce?- bromeó Iris torciendo los labios en una mueca burlona.
Mikhail no respondió, pero sus pupilas sonreían. No había más que decir: Iris lo había comprendido perfectamente.
- Yo también- dijo, simplemente; y se estremeció una vez más bajo los fuertes brazos de Mikhail, antes de volver a sumergirse en la profunda oscuridad de sus sueños.
- Iris- pidió- Mírame .
Y tomándola por la barbilla y clavando su mirada en ella, pronunció con exquisita lentitud una frase que se le antojó mucho más dulce que cualquier rosquilla de limón, masticando minuciosamente cada sílaba:
- Te quiero. ¿Me oyes?
- Sí, Mikhail, lo sé .
Se tumbaron uno junto a otro, entrelazados por brazos y piernas como si de serpientes se tratase.
Iris se acurrucó bajo la figura desgarbada de Mikhail, que la rodeó con sus brazos y la estrechó fuertemente contra su pecho. Le gustaba cerrar los ojos y permanecer en silencio: sintiendo las suaves yemas de Mikhail explorando con delicadeza cada una de sus vértebras. Entonces abría los ojos y allí estaba él: su nariz a escasos milímetros de ella, en medio de la oscuridad de la habitación. Sus cálidos ojos, esperando para abrigarla si tenía frío: para recogerla del suelo si tropezaba. En medio de tanta paz, se estaba quedando dormida.
- ¿Sabes que pones una cara muy dulce cuando duermes?.
- ¿Dulce? imposible. ¿Acaso podría un ogro resultar dulce?- bromeó Iris torciendo los labios en una mueca burlona.
Mikhail no respondió, pero sus pupilas sonreían. No había más que decir: Iris lo había comprendido perfectamente.
- Yo también- dijo, simplemente; y se estremeció una vez más bajo los fuertes brazos de Mikhail, antes de volver a sumergirse en la profunda oscuridad de sus sueños.
viernes, septiembre 9
¡Que hay de nuevo, viejo!
Una vez más, pecando de incumplidora, aquí estoy. No sé exactamente qué estoy haciendo ni porqué. Pero por lo que se ve, las vacaciones me han sentado bien y he tenido la ocasión de reflexionar. Me tomaré esto con más calma: no le daré ni mucho menos la importancia que le daba antes. No pretendo que la gente me siga ni me lea; no he vuelto por eso. He vuelto por lo mismo de siempre: Porque si no lo escribo, reviento.
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