sábado, septiembre 10

Head in the clouds.

El bullicio de las calles de Nueva York y las imágenes de la gente yendo de un lado para otro sin cesar, penetraban en su cabeza como los rápidos fotogramas de una película; una y otra vez.
Los grandes rascacielos semejaban gigantes que no dudarían en aplastar a la inmensa colonia de hormiguitas que se tendía a sus pies.
Los taxis iban y venían con una rapidez inusual; portando en su interior apurados pasajeros que seguramente llegarían tarde a Dios sabe qué sitios.
Había llovido, como era habitual, pero no le importaba.
Aquella tarde había preferido dejarse empapar por la fría lluvia, había preferido no preocuparse por qué pelos se le quedarían después de mojados; de si se le rizaría el flequillo o las puntas, o si se calaría sus zapatos nuevos.
Aquella tarde, había preferido, simplemente, ser feliz .

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